Algunas obras tienen la capacidad de hacernos replantear nuestras ideas, pensamientos o, incluso, nuestra propia vida.
Golpean sin avisar nuestras concepciones más asentadas, independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos. Pese a que la veracidad de una historia no sea determinante a la hora de impactarnos, es cierto que las
obras basadas en hechos reales nos dejan siempre un sabor muy especial, entre amargo y dulce, del que difícilmente podemos huir.
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