Uno de los sucesos más sonados de los últimos meses ocurrió el pasado 31 de octubre, la noche de Halloween. La víctima fue, de alguna manera, un muerto viviente: Juan María G. P., de 39 años, conocido como el Niño Juan, criado entre Pinto y Usera, uno de los delincuentes más internacionales de Madrid, fue secuestrado delante de decenas de viandantes en Carabanchel encañonándole con una pistola . Estuvo día y medio retenido en una vivienda situada en la frontera entre las provincias de Madrid y Toledo. Este criminal, un mercenario a sueldo de todo tipo de robos, ha llegado incluso a inspirar una serie y una película de Netflix, 'Hasta el cielo'. Pero no es, ni de lejos, una figura a la que enaltecer ni a la que minusvalorar. Tremendamente avaricioso, violento y poco amigo de nadie, fue encarcelado en Francia en 2019, cuando planeaba asaltar nada menos que el Palacio de Fontainebleau , a las afueras de París: un mafioso chino le había encargado el robo de una colección de cerámica ancestral, a cambio de 800.000 euros. El Grupo XII de Policía Judicial de Madrid, experto en secuestros y extorsiones, se puso manos a la obra para investigar el secuestro. Juan María G. P. y arrestó la noche del 4 de diciembre a Juan José C. M., español de 43 años, apodado el Morros. Se trata de un antiguo colaborador suyo e incluso de uno de los condenados por el 11-M en la trama de los explosivos de Mina Conchita (Asturias). Entró directamente a prisión por este hecho. Sin embargo, según ha podido saber ABC, el líder de la detención ilegal del Niño Juan está ya en la calle. El mutismo de la propia víctima, que fue liberado en la zona sur, con heridas de haber recibido una buena paliza. También hubo un segundo detenido, revelan fuentes del caso. La investigación tuvo, más allá de flecos que quedan por cortar, dos ejes de trabajo: por un lado, el lugar donde ocurrieron los hechos, en Carabanchel, donde al menos media docena de individuos golpearon el Golfg de Juan, dispararon varias veces y sacaron al butronero a la fuerza para meterlo en un coche robado; y, precisamente, la localización de esos automóviles posteriormente, tras ser abandonados. Eran dos Audi (modelos Q5 y Q7) y un Maserati, todos negros, con los que le hicieron el 'bocadillo e inmovilizaron. ABC ha podido saber que el rehén ha sido llamado por el juzgado que instruye el caso en tres ocasiones, para ser oído en declaración como testigo y perjudicado. Sin embargo, Juan María sigue en su línea de no colaborar con la justicia y ni siquiera se ha presentado a esas citas, pese a habérseles notificado en tiempo y forma. Ni ha denunciado ni tampoco su entorno familiar puso nada de su parte durante el tiempo que estuvo secuestrado. Una ley del silencio que ha beneficiado al Morros, que ha salido de prisión, aunque permanece como investigado. Son ya 24 los antecedentes policiales que suma. Este diario adelantó que el motivo inicial del secuestro fue el robo, a manos del Niño Juan, de entre 1.200 y 1.300 kilos de cocaína en Mérida (Badajoz), probablemente por encargo y con más gente; en los bajos fondos madrileños se puso su nombre y apellidos (o, mejor dicho, mote) al encargado de ese 'vuelco' de droga. Una faena que habría recaído sobre el de Orcasitas y que a punto estuvo de costarle la vida. Los investigadores manejan tres hipótesis para explicar por qué no le 'picaron el billete', como sí ocurrió con gente similar como el Niño Sáez, Carlos Jarry y el Pimiento, aluniceros que se pasaron al narcotráfico y acabaron tiroteados hasta la muerte. Una posibilidad es que Juan diera a sus rivales lo que buscaban: nombres o parte de la droga sustraída; la otra es que realmente él no fuera el objetivo, algo un tanto extraño; y la más cierta es que se tratara de solo un aviso. Además, hay que tener en cuenta que el Morros y Juan son viejos compinches de golpes, habían 'trabajado' juntos. Es más, el Niño, conocido porque se la juega hasta a su sombra si es en su propio provecho pudo haber traicionado a sus jefes y, también, haber sido fallado por sus compinches. Lo cierto es que ha vuelto a hacer su vida. Ya no se esconde. Según las fuentes consultadas, se ha comprado un coche nuevo (el que pilotaba el día del secuestro, en Antonio López, frente al hotel Praga, quedó destrozado) y que sigue con su reciente negocio de hostelería: una especie de cafetería-bar con cachimbas. Al final, la vida sigue igual.