Un gesto tan inofensivo como tirar de la cadena del váter con la tapa abierta puede tener consecuencias para nuestra salud bucodental. Así lo advierte la ortodoncista Almudena Herraiz en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales, donde sostiene que cada vez que se acciona la ciesterna, especialmente sin cerrar la tapa, se liberan al aire numerosas bacterias procedentes del interior del inodoro, incluidas partículas fecales, que pueden depositarse en objetos cercanos como el cepillo de dientes . «Cuando tiramos de la cadena, si la tapa está abierta, salen al exterior un montón de bacterias del váter y entre ellas partículas fecales, que se depositan en el cepillo», explica la experta en el vídeo publicado en Tik Tok. Este riesgo aumenta en baños pequeños o poco ventilados, donde los objetos de uso cotidiano se encuentran cerca del inodoro. La experta recuerda que el cepillo de dientes es un entorno especialmente favorable para el crecimiento de bacterias , ya que suele permanecer húmedo tras su uso. «La humedad es el medio perfecto para que las bacterias proliferen», señala. Por ello, recomienda adoptar dos medidas sencillas: cerrar la tapa del váter antes de tirar de la cadena y proteger el cepillo con una cubierta o estuche higiénico. Muchos fabricantes incluyen actualmente protectores o fundas plásticas para el cabezal del cepillo, una opción que ayuda a minimizar la contaminación. Sin embargo, advierte la experta en el vídeo que mantener el cepillo guardado en cajones o recipientes completamente cerrados tampoco es la mejor solución, ya que la falta de ventilación favorece el desarrollo de microorganismos . «Guardar el cepillo en un cajón puede parecer más higiénico, pero la humedad interna también facilita la aparición de bacterias», aclara. La clave, según la ortodoncista, está en mantener una buena ventilación en el baño, proteger el cepillo y, sobre todo, cerrar la tapa del inodoro cada vez que se use. El argumento concuerda con lo recogido hace días por Raúl Rivas González, catedrático de Microbiología en la Universidad de Salamanca, en un artículo publicado en The Conversation , en el que explicaba que entre los microorganismos liberados se encuentran especies potencialmente patógenas como Escherichia coli, Salmonella, Shigella o Staphylococcus. Distintos estudios han comprobado que cerrar la tapa puede reducir la emisión de gotas entre un 30% y un 60% , aunque no la elimina por completo, ya que parte de los aerosoles escapan por el espacio entre la tapa y el asiento.