El Estado te matará por negligencia (aquel Estado cuyo factor de gobierno sea la corrupción), y te homenajeará por impudicia. Para Espinosa (Benito, no Iván), donde reina la impudicia, gobiernan el deshonor y la desvergüenza: es una pasión subordinada a las de ambición y codicia. Rousseau la trató en sus 'Fragmentos políticos', recogidos por Trevijano al analizar la pasión de inmoralidad política. Rousseau observa que, con la impudicia, «el oficio de ladrón público es talmente ennoblecido que todas las honestas gentes de la nación lo ejercen con dignidad, y llaman orgullosamente sus derechos lo que antes hubiesen llamado robos». —La Transición –sostenía en 2000 el único hombre que la estudió– ha sido y es impúdica. Impúdica, dice, en el cambio...
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