Cuando nació el cine, el terror ya estaba allí. Pese a ser aparentemente un género minoritario, su relevancia en la literatura -Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe- provocó que rápidamente contagiara al recién surgido séptimo arte, regalando desde sus más tempranas etapas algunos clásicos. Así, cuando ni siquiera habían llegado el sonido o el color, ya teníamos joyas como 'El Golem' (1915), 'El gabinete del doctor Caligari' (1919) o 'Nosferatu' (1922). Los primeros en darle una oportunidad fueron los europeos, destacando especialmente los alemanes, influenciados a su vez por el expresionismo: Paul Wegener, Ernst Lubitsch, Fritz Lang, F. W. Murnau… Y también, claro, la Hammer británica o el francés Georges Méliès, responsable de 'La mansión del diablo' (1896), considerada la primogénita del género. Pero en América estaban divididos. Los grandes estudios vieron una oportunidad de negocio, pero a las estrellas les interesaba demasiado el glamour como para hacer películas de monstruos. Sin embargo, en los años 30 llegaron proyectos tan interesantes como 'La parada de los monstruos' (1932), 'La novia de Frankenstein' (1935) o, claro, el 'Drácula' de Béla Lugosi y el 'Frankenstein' de Boris Karloff , ambos en 1931. A pesar de todo, esta época dorada duró apenas una década, quedando después relegada a títulos de bajo presupuesto y francamente malos, con alguna expepción (siempre minoritarias y sin especial éxito), hasta que llegaron Hitchcock y su 'Psicosis' en 1960. Paralelamente, en 1927 la industria estadounidense creó la Academia de Hollywood, y con ella llegaron los Premios Oscar . Los académicos no tardaron en desarrollar una serie de manías, y desde el principio priorizaron el drama sobre la comedia, así como las adaptaciones de novelas célebres, las historias épicas o los largometrajes que respondían al contexto histórico (guerra, héroes, patriotismo, conflictos morales), priorizando el presunto prestigio por encima de la taquilla o de fenómenos que no consideraban suficientemente cultos. En la quinta edición, la de 1932, premiaron una actuación de una película de terror -Fredric March por 'El doctor Jekyll y Mr. Hyde'-, pero aquello fue tan sólo una excepción, un destello de algo que tardaría mucho en repetirse. A lo largo de estos casi 100 años, los Oscar han sido muy escrupulosos a la hora de dejarle espacio al cine de género en su palmarés anual. Así, aunque lo han reconocido ocasionalmente en los apartados artísticos y técnicos (sobre todo, Mejor Maquillaje: 'Un hombre lobo americano en Londres', 'La mosca', 'Bitelchús'...), al terror siempre le ha costado acceder a las categorías principales, incluso cuando lo firmaban directores de renombre, como 'Drácula', de Coppola, 'Los pájaros', de Hitchcock, o 'El resplandor', de Kubrick . Además, muchos autores que han dedicado su carrera entera al género, como James Whale, David Cronenberg, Tobe Hooper, Tim Burton o John Carpenter, jamás han sido candidatos a Mejor Director. Ha habido excepciones, claro, y ante determinados fenómenos a la Academia no le quedó otra que ceder en su esnobismo. Hasta este año, sólo siete títulos de terror habían conseguido la nominación a Mejor Película, siendo 'El silencio de los corderos' (1991) la única que logró ganarlo . Las otras candidatas fueron 'El exorcista' (1973), 'Tiburón' (1975), 'El sexto sentido' (1999), 'Cisne negro' (2010), 'Déjame salir' (2017) y 'La sustancia' (2024). Este año, sin embargo, ha marcado un extraordinario punto de inflexión. Las 16 candidaturas de 'Sinners (Los pecadores)' la convierte en la película más nominada de la historia -quizás exagerado pero no por ello menos meritorio-, superando las 14 menciones de 'Eva al desnudo' (1950), 'Titanic' (1997) y 'La La Land' (2016). Además, la Academia también ha incluido entre las diez nominadas 'Frankenstein' , enésima adaptación del clásico de Mary Shelley, esta vez en manos de Guillermo del Toro, y 'Bugonia' , la última marcianada de Yorgos Lanthimos, otros dos fenómenos recientes del cine de género. Y no acaba ahí: Amy Madigan opta al premio a la Mejor Actriz de Reparto por 'Weapons' y 'La hermanastra fea' se ha colado en Mejor Maquillaje. Todo esto se suma al fenómeno de 'La sustancia', el 'body-horror' que el año pasado adelantó el éxito de 'Sinners', entrando en Mejor Película, Dirección y Actriz a pesar de estar plagada de elementos a los que la Academia suele ser alérgica (violencia visceral, terror grotesco, etc.). Sin embargo, sería deshonesto pasar por alto que estas películas comparten algo más que el género: la agenda. No deja de ser llamativo que las películas que hagan ruido sean las que tienen como telón de fondo cuestiones como el feminismo o la cultura afroamericana. El escritor Fernando Navarro, autor de 'Crisálida' y guionista de películas como 'Verónica' -el título de terror español más relevante de los últimos años-, explica que a veces, para los premios, «la importancia de una película está condicionada por elementos que no son cinematográficos , que son sociales, coyunturales o estructurales, y que no tienen que ver con las películas en sí». «Siempre ha habido buenas películas de género que han sido ignoradas», continúa. Considera que las que reciben este apoyo son aquellas que «se han convertido en un medio de expresión que van más de allá de la narrativa o del gusto por lo terrorífico». De este modo, cita casos como los de ‘It follows’, ‘Babadook’, ‘La bruja’, ‘Sinister’, ‘Black Phone’ o ‘Clímax’ , completamente ignoradas por los premios en los últimos años pese a ser, a su juicio, mucho mejores representantes del género. Más allá de la histórica marca de 'Sinners', es destacable la candidatura de Amy Madigan, que contra todo pronóstico se ha colocado como la segunda actriz más premiada del año : lleva acumulados 32 galardones, incluyendo el del influyente Círculo de Críticos de Nueva York, sólo uno por detrás de los 33 de Jessie Buckley ('Hamnet') y muy por delante de los 19 de Timothée Chalamet ('Marty Supreme') o los 12 de Stellan Skarsgård ('Valor sentimental'). Su papel, la estrafalaria Gladys de 'Weapons', es oscuro y retorcido, con ese salvajismo sádico que sólo puede tener cabida en el terror, y a la vez con un ligero hilo de humor negro que la convierte en un personaje inolvidable. Madigan está fantástica, pero la intuición y la estadística nos dicen que probablemente pierda el Oscar frente a Teyana Taylor ('Una batalla tras otra'), aunque nunca hay que perder la esperanza. Además, su hazaña no deja de ser loable, especialmente cuando recordamos que sólo seis actores, de los 320 que han ganado algún Oscar, se lo llevaron por una película de terror : Fredric March por 'El doctor Jekyll y Mr. Hyde' (1931), Ruth Gordon por 'La semilla del diablo' (1968), Kathy Bates por 'Misery' (1990), Jodie Foster y Anthony Hopkins por 'El silencio de los corderos' (1991) y Natalie Portman por 'Cisne negro' (2010). Además de Madigan, también están nominados Jacob Elordi, conmovedor como la maltratada criatura del 'Frankenstein' de Guillermo del Toro, y tres actores de 'Sinners', como no podía ser de otra manera: su protagonista, Michael B. Jordan, y los secundarios Delroy Lindo y Wunmi Mosaku. Cabe destacar que la mayoría de los grandes papeles del género ni siquiera lograron la nominación , como Anthony Perkins en 'Psicosis' (1960), Catherine Deneuve en 'Repulsión' (1965), Tim Curry en 'The Rocky Horror Picture Show' (1975), Isabelle Adjani en 'Posesión' (1981), Jeff Goldblum en 'La mosca' (1986), Gary Oldman en 'Drácula' (1992) o, más recientemente, Toni Collette en 'Hereditary' (2018). Lo de Madigan, por lo tanto, es encomiable independientemente de que suba o no al escenario a recoger la estatuilla dorada. En cualquier caso, las nominaciones a la 98ª edición de los Oscar, que se celebrarán el 15 de marzo, han dejado claro que nunca es tarde para el cambio y que el terror, tal vez, sí tiene hueco en los premios . Veremos qué le deparan los años venideros a este género tan querido por algunos y tan rechazado por otros, pero que ha llegado para quedarse.