Fue el ingeniero y periodista ruso Vasili Grossman, que trabajó en las minas de la cuenca del Donéts (o Donbas, en el este de Ucrania) el que escribió que «el amor se parece al carbón: cuando está candente quema; cuando está frío, ensucia». Y el idilio entre Centroeuropa y la roca sedimentaria negra, que un día hizo arder los altos hornos y elevó la industria pesada del continente a la categoría de potencia económica global, hace ya tiempo que se apagó. A pesar de la dependencia energética europea , que hace vulnerable al bloque y mantiene congeladas algunas de sus economías motor, como la alemana, Europa se despide esta semana de una de sus más míticas minas de carbón, la...
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