Paula Fraga considera que la prostitución es una indignidad y una violencia que degrada a las mujeres, en lo que estoy completamente de acuerdo (sólo añadiría que también es una indignidad y una violencia que degrada a los hombres). Pero la ‘abolición’ de la prostitución me parece un ejemplo paradigmático de lo que Vázquez de Mella llamaba «poner tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias». Los hombres –como las mujeres– están tocados por el pecado original; quiero decir que no son ángeles, que no son seres puros, ni siquiera cuando la gracia los bendice. Pero, tristemente, no vivimos en una civilización que celebre y fomente la acción de la gracia. Vivimos en una ‘macrofiesta’ del pecado original, que...
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