En los cuatro jarrones del jardín de la torre ha sembrado el temporal una flor marchita. La frase más antigua del sevillano se ha cumplido. «No me llames como no se caiga la Giralda». Pues se cayó una mijita. La azucena de bronce no pudo con la ventolera y se tronchó, como si su tallo fuera realmente vegetal, para caer muerta en la plaza y simular un toque de campana que no está en el calendario del Cabildo. Pom. Azucena en punto. Los serenos llegaron corriendo al desgarro. Los repartidores después. Ellos fueron los primeros en contemplar a la Giralda herida. El gemido de la giganta, que a esa hora estaba tumbada aún sobre las azoteas, se adentró por los...
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