Hace ya tiempo que no son las películas las que causan la mayor controversia en el Festival Internacional de Cine de Berlín, sino las declaraciones. Gracias a ellas se ha ganado un perfil como festival altamente politizado, que le está costando un alto precio en términos de calidad . Muchos directores y estrellas lo evitan porque saben que tendrán que lidiar con asuntos espinosos en los que no tienen nada que ganar. Y artistas de menor nivel aprovechan la fácil notoriedad mediática que aportan las polémicas. El presidente del jurado, Win Wenders, acosado por preguntas sobre el papel del festival en el conflicto de Gaza «a la luz del apoyo del gobierno alemán al genocidio», intentó poner límites en la...
Ver Más