El Real Madrid sueña como líder tras ganar al Villarreal (0-2)
Uno de los titulares clásicos de otra época (todo ya pasó en otra época) era: duerme como líder. Que sí, que es un poco tramposo, porque juega con el calendario y con que la jornada se dispute en diferentes días. Que es una cosa provisional, un poco mentirosilla, no hay duda. Pero el Real Madrid ganó al Villarreal y se acostó como líder de LaLiga y lo será, por lo menos, hasta que juegue el Barcelona. El Real Madrid, recuerdo, que perdió la Supercopa, que cambió al entrenador, que hizo el ridículo en Albacete, que vivió un catarsis casi nunca vista contra el Levante y que duerme de manera provisional, incierta, un rato, pero líder.
Y lo hace después de ganar en Villarreal, el tercero de LaLiga, un equipo de Marcelino, con todo lo que significa: un rival esforzado, y ordenado atrás, un equipo muy difícil en su campo. Y más para el Real Madrid. Y más, insistimos, para este Real Madrid. Era un test de verdad para el equipo de Arbeloa y lo pasó con nota. Ganó por 0-2, no fue espectacular, pero sí serio cuando tuvo que serlo, vertiginoso cuando tocaba y siempre, y aquí esta la clave, entero y sacrificado todo el encuentro. Es un Madrid que, de repente, cree en lo que hace y cree que puede pelar los títulos que le quedan. Si lo de Mónaco fue una fiesta, fue una fiesta de despedida del pasado y un arranque del futuro.
Un punto de inflexion
Arbeola puso en palabras lo que estaba en el ambiente: el partido era un punto de inflexión y así se lo tomaron los futbolistas. Pueden estar más o menos brillantes, pero no van a permitir que el Bernabéu les reproche de nuevo su actitud, Mastantuono es el ejemplo: puede no estar especialmente brillante en ataque, pero no deja de presionar y de volver. En un equipo en el que a los otros dos delanteros les cuesta, tener un hombre así en la banda derecha es una bendición. Pero no sólo es él. Bellingham aparece por todo el campo, aunque luego le cueste crear. Y Güler se está hinchando a robar balones en la zona de ataque y a soltarlos rápidamente y Asencio, por ejemplo, se ha convertido casi (es hora de hipérboles positivas, como hace no mucho lo fueron negativas) en Camacho. Todo corazón, llega donde los demás no llegan. No es ni el primer ni el segundo mejor central de la plantilla. Ni el tercero, pero ahora mismo, el espíritu de Asencio es el Real Madrid. Y si ya, de paso, se atreve a meter balones cruzados para superar defensas, pues poco más se puede decir de lo que hace en el campo.
Cuando pudo correr, en la primera parte, el Real Madrid aceptó jugar a toda prisa, casi sin pasar por el centro del campo, con riesgo para su defensa, pero con más riesgo para el Villarreal. Sin embargo, estuvo seguro el equipo de Arbeloa, que no recibió ningún tiro a puerta en esa primera par te. Sin Tchouameni en el centro del campo por sanción, Arbeloa no dio muchas vueltas: colocó a Camavinga, a quien estos partidos locos le encantan. Se equivoca, acierta, rectifica, parece perdido o parece la brújula.
Porque la primera parte, fue un no parar de portería a portería, como cuando juegan los niños y cogen el balón y tiran para delante, porque, en fin, qué otra cosa se va a hacer. El plan de Arbeloa de que los laterales se metan por dentro ayuda a eso, principalmente porque a Valverde le tira ir para allá y se mueve bien. Hay una pregunta que está en el aire. Si Carvajal se pone en forma o si vuelve Trent, ¿qué va a hacer Arbeloa con Fede Valverde? Empieza a ser indiscutible que la banda es su sitio y más en un Madrid que le sobra físico, pero no cabeza en el mediocampo.
Mbappé decide
El partido de Villarreal se decidió en la segunda mitad, cuando apareció Mbappé para cazar una jugada de Vinicius: el balón terminó suelto en el área pequeña y el francés, que había pasado sin dejarse notar por el partido, llegó antes que nadie y lo coló por debajo del portero. No había más sitio y fue suficiente.
Con el gol a favor, se vio otro Madrid, también del que pensar bien. No se vino abajo, no pensó que con Courtois en la portería lo mejor era refugiarse y más cuando ya sabía, por lo que había sucedido en la primera mitad que Gerard Moreno estaba listo para hacer de las suyas.
Sin embargo, el fino delantero del Villarreal falló un gol que hizo estallar el ordenado de las estadísticas de goles esperados y el Villarreal no encontró la manera de llegar al área blanca. Ya se empieza a ver el espíritu de Arbeloa: equipo adelante, ande o no ande.
Así marcó el segundo Mbappé, de un penalti que le hicieron cuando el partido llegaba a su fin y que le deja la estadística impoluta: 20 partidos de LaLiga, 21 goles marcados por el francés.
Ya el madridismo ha dejado de pegarse sobre quién defiende menos de entre él o Vinicius. Porque ya no hay peleas. Eso se terminó contra el Mónaco y se confirmó en Villarreal: ahora solo hay dulces sueños como líder.
