«El Rey debe ir a Ceuta con normalidad y sin complejos»
La crisis migratoria desencadenada este verano en Ceuta confirma, según el profesor de Relaciones Internacionales Carlos Echeverría, la eterna estrategia de Marruecos. Mantiene una presión sostenida sobre España utilizando la inmigración como herramienta política. Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, el director del Observatorio de Ceuta y Melilla sostiene que si no existe una política de Estado más firme hacia Rabat la situación seguirá una deriva casa vez más grave hacia el objetivo último: cuestionar la españolidad de Ceuta y Melilla y reclamar su soberanía.
Desde nuestra última entrevista hace solo dos meses la cosa ha ido aún peor de lo que usted ya vaticinaba. ¿Por qué?
La causa de fondo es la reivindicación permanente de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y el aprovechamiento de cualquier circunstancia para reforzar esa estrategia. Se pueden añadir factores coyunturales, como la sentencia del Tribunal Supremo, la regularización masiva aprobada por España, la visita de Pedro Sánchez a Argelia o incluso la polémica por los servicios de Inteligencia marroquíes, pero todo eso solo complementa una política constante. No hay que caer en el error de justificar la actuación de Rabat como una reacción a una provocación española. El provocador es Marruecos, que utiliza la frontera y la inmigración como instrumentos de presión política.
¿Esto forma parte de una estrategia de guerra híbrida?
Sin ninguna duda. Marruecos domina ese tipo de estrategias desde hace décadas. Ya ocurrió con la Marcha Verde y ahora vuelve a suceder utilizando población civil en una situación que no es de guerra, pero tampoco de paz. Además, durante meses vimos un goteo constante de inmigrantes que muchos consideraban asumible. Algunos advertimos que aquello podía desembocar en una nueva crisis y finalmente ocurrió. No se extrajeron las lecciones de 2021.
¿Le parece que el Gobierno ha estado a la altura?
Ni el Gobierno central ni el de Ceuta han sido todo lo contundentes que debían. Se siguió hablando de una relación ejemplar con Marruecos mientras continuaban las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, la utilización de la inmigración, el narcotráfico, la falta de colaboración tras el hallazgo de los túneles en Ceuta o el bloqueo de las aduanas y del régimen de viajeros. Con Marruecos hay que ser exigentes porque interpreta la moderación como una señal de debilidad. Lo ocurrido debería denunciarse en todas las instancias internacionales: hablamos de decenas de miles de personas utilizadas como instrumento político y de un centenar de muertos.
¿Cree que la situación se les fue de las manos?
No. Esa explicación sirve para exculpar a Marruecos. Todo responde a una estrategia perfectamente calculada. Otra cosa es que determinadas consecuencias políticas les resulten incómodas, pero eso no significa que perdieran el control. Además, siempre se intenta salvar la figura de Mohamed VI trasladando la responsabilidad al Gobierno marroquí, cuando hablamos de un régimen autoritario en el que quien manda es el rey. La responsabilidad política es suya.
¿Lo ocurrido aleja aún más una visita de los Reyes?
Nosotros vivimos en una monarquía parlamentaria en la que el rey reina, pero no gobierna. Y el Gobierno parece que no considera oportuno que el jefe del Estado se mueva libremente por todos los rincones del país. Desde el Observatorio llevamos mucho tiempo insistiendo en ello. Cada vez que hay un pequeño gesto de la Corona lo destacamos: cuando la Princesa Leonor desembarcó del buque escuela, cuando la Reina Sofía visitó las ciudades por el Banco de Alimentos... Pero Ceuta y Melilla no pueden seguir siendo una excepción desde la visita de 2007.
¿Es que temen la represalia?
Recordemos que, pocos días después de aquella visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía hace casi 20 años, Mohamed VI respondió enviando miles de personas hacia la frontera. Recibir al presidente Vivas en Marivent fue un buen gesto, pero lo importante es ir allí, hacerlo con normalidad y sin complejos. Y no solo el Rey. También el presidente del Gobierno debería acudir a Ceuta igual que va a cualquier otra ciudad española, no únicamente cuando hay una crisis. Hay que ir a Ceuta igual que se va a Barcelona, Sevilla o La Coruña. Y si Marruecos se molesta, ese es su problema. No puede diseñarse una política exterior condicionada permanentemente a que Marruecos no se enfade. Eso no es propio de un Estado serio.
¿No le pareció que el mensaje de Felipe VI tuvo otro tono?
La Corona actúa dentro de las directrices que marca el Gobierno, pero incluso dentro de ese margen hay resquicios. No estamos hablando de un rey mudo ni de una institución irrelevante. Lo ocurrido ha sido tan grave desde el punto de vista de la seguridad nacional que exigía un mensaje político inmediato y profundo. A veces se pone el foco únicamente en la dimensión humanitaria, que es importante, pero aquí hablamos también de un problema de seguridad nacional. En ese contexto, creo que todos podemos interpretar esas palabras en el sentido de que transmitían firmeza y preocupación por la gravedad de lo sucedido.
¿Qué valoración hace de la reacción europea?
Muchos socios europeos siguen preocupados por la regularización masiva aprobada por España y por sus efectos sobre el espacio Schengen. A eso se suma que España no ha logrado europeizar suficientemente la cuestión de Ceuta y Melilla. Son fronteras exteriores de la Unión Europea y deberían percibirse así. Además, sigo pensando que España debería haber solicitado el apoyo de Frontex, como hizo durante la crisis de los cayucos de 2006. No hacerlo ha alimentado dudas entre algunos socios sobre la gestión de esta crisis.
Siempre se habla del flanco este, pero poco del sur.
El primer paso es que España se crea la importancia de su frontera sur. Las amenazas son distintas, pero la presión que ejerce Marruecos sobre España es comparable, desde el punto de vista estratégico, a la que sufren otros países europeos con Rusia o Bielorrusia. Además, Marruecos presume de actuar como muro de contención frente a la inmigración o el terrorismo mientras utiliza a sus propios ciudadanos para presionar a España. También conviene recordar que acusa a España de colonialismo mientras mantiene la ocupación del Sáhara Occidental. Ese argumento debería utilizarse mucho más.
¿Qué ocurrirá con las aduanas de Ceuta y Melilla?
Me temo que volveremos al mismo escenario. Se anunciará que funcionan, pero en la práctica seguirán bloqueadas porque Marruecos no permite una actividad normal. Lo más grave es que tampoco existe un verdadero régimen de viajeros. Mientras España facilita la Operación Paso del Estrecho para cientos de miles de personas, los ciudadanos de Ceuta siguen sin poder ejercer con normalidad ese derecho.
¿Cómo está el ánimo en Ceuta?
Es lógico que exista preocupación porque la crisis no ha terminado. Da la sensación de que todo el mundo mira hacia otro lado porque muchos inmigrantes han regresado, pero siguen quedando miles de personas en Ceuta. La ciudad tiene un territorio amplio donde es fácil dispersarse y, además, existe una gran diferencia entre las cifras que maneja el Gobierno central y las del Ejecutivo autonómico.
En el fondo, el objetivo de Marruecos nunca ha cambiado.
Exactamente. El objetivo estratégico es reforzar su reivindicación sobre Ceuta y Melilla. Para conseguirlo necesita transmitir la imagen de que son territorios inseguros, poco atractivos para invertir o desarrollar un proyecto de vida. La sensación permanente de inseguridad o la posibilidad de una nueva entrada masiva forman parte de esa estrategia. Por eso es imprescindible cortar esa dinámica de raíz. Lo importante para Marruecos no es una fecha concreta, sino mantener a España en una incertidumbre constante y presentar estas crisis como fenómenos espontáneos o consecuencia de las mafias, algo que resulta poco creíble cuando hablamos de decenas de miles de personas movilizadas al mismo tiempo.
También estamos viendo que algunas familias envían a sus hijos a la Península.
Eso también beneficia a la estrategia marroquí. Si los ciudadanos pierden confianza en el futuro de Ceuta y Melilla y optan por marcharse, Marruecos alcanza uno de sus objetivos. España debería hacer justamente lo contrario: reforzar la presencia del Estado, invertir en logística, fiscalidad e infraestructuras y favorecer la llegada de inversión privada. Lo mismo ocurre con otros territorios españoles, como los peñones o las Chafarinas, que necesitan una mayor visibilidad y una defensa más decidida.
¿Por qué cree que el Gobierno mantiene esa actitud?
No diría que haya renunciado a Ceuta y Melilla, pero sí existe una voluntad permanente de evitar cualquier fricción con Marruecos. Se insiste en que las relaciones bilaterales son excelentes mientras se dejan en segundo plano las reivindicaciones territoriales o la presión migratoria. Se confía en que no incomodar a Rabat hará desaparecer los problemas, cuando sucede exactamente lo contrario. Esa actitud demuestra que todavía no se comprende cómo actúa Marruecos. España necesita una auténtica política de Estado basada en la exigencia de respeto mutuo y en la defensa de todos sus territorios, incluidos aquellos que apenas aparecen en el debate público.
Algunos pensaban que el Mundial de 2030 frenaría cualquier movimiento de Marruecos.
Nunca compartí esa teoría. Si Marruecos encuentra una oportunidad para enviar un mensaje político a España, la aprovechará aunque exista un acontecimiento como el Mundial. Lo estamos viendo ahora. También pretende lanzar un aviso a toda la clase política española, tanto al Gobierno como a quienes puedan gobernar en el futuro. Por eso no debemos pensar que de aquí a 2030 dejará de ejercer presión. Es un deseo más que un análisis realista.
¿Y qué papel juega Estados Unidos?
Lo importante es la posición oficial de Washington. Durante la cumbre de la OTAN de 2022 quedó claro que la Alianza defenderá hasta la última pulgada del territorio de cualquiera de sus miembros, lo que incluye Ceuta y Melilla. Ahora bien, España no puede conformarse con eso. Igual que Marruecos desarrolla una intensa labor de influencia en Estados Unidos y en Europa, España también debe defender activamente sus intereses en esos mismos foros.
¿Qué lección debería extraer España de esta crisis?
Respuesta. La principal lección es que no basta con rebajar el tono o confiar en que Marruecos cambie de actitud. Todo el Estado, desde la Casa Real hasta el Gobierno y las instituciones autonómicas, debe explicar con claridad lo que está ocurriendo y actuar con firmeza. Marruecos seguirá utilizando todos los instrumentos a su alcance para defender sus intereses y España debe responder con una estrategia de Estado, reforzando la defensa política, diplomática y comunicativa de Ceuta, Melilla y el resto de los territorios españoles. Solo así podrán extraerse de verdad las lecciones que no se aprendieron tras la crisis de 2021 y evitar que episodios como el vivido vuelvan a repetirse.
